Análisis

Raspando Muebles… Por: Mario López Berrelleza

>> Despedida a mi querido viejo

Por: Mario López Berrelleza

 

Hoy después de 8 largos años te vas de mi vida. Después de tantas andanzas y tantas vicisitudes.

Escuchaste penas y alegrias y fuiste parte de mis contados logros y sueños no cumplidos.

Hoy el tiempo te ha dado la espalda por viejo, no te ha dado la espalda por inservible, aun con tus carencias y limitaciones tú seguias cumpliendo con la función para la que fuiste creado. Llegaste tarde a mi vida, pero aun así cumpliste a carta cabal con los mandos señalados, el resto de las fallas no formaban parte de tus culpas, pero, todo tiene un fin, dicen que ya eres viejo y que debes ser desechado, que ya no cumples con los estandares de calidad hoy requeridos y que tu dueño al igual que tú ya debe de cambiar para verse y sentirse mejor y dejar de ser menos ante los demás.

Igual pasa en la vida con los seres humanos, llegamos a viejos y nos desechan y nos tratan de anticuados, de obsoletos y que ya no cumplimos con nuestras funciones, tal cual lo haciamos muchos años atrás en el tiempo.

Llegan nuevas generaciones y creen en sus adentros y exteriores que están para comerse el mundo sin saber que el viejo tiene lo más importante que le ha dado la vida: su experiencia.

Una experiencia que se adquiere solo con el paso de los años y de los errores cometidos, porque solo asi se aprende.

Aun así, llega el momento en el que eres desechado y ese lugar lleno de experiencia vuelve a comenzar de nuevo, a empezar de cero y a cometer los mismos errores del pasado, errores que se pueden evitar si hubiese conciencia de que lo viejo sirve en la medida en el que le puedas sacar jugo a esa experiencia y exprimas al máximo el basto conocimiento que brindan los años.

Pero no es así, la ley de la vida dice que llegando a viejo las puertas de las oportunidades se acaban y también se cierran y dejas de ser, por lo tanto, funcional, que mejor te dediques a cuidar a los nietos y a regar las plantas, que solo para eso sirves.

Asi pasa con mi teléfono celular que hoy se le cierran las puertas, se va no porque no sea funcional, se va por viejo y fuera de toda «normalidad», no porque no reciba y haga llamadas o porque no reciba y mande mensajes a traves de las redes sociales o porque las aplicaciones no brinden su máximo potencial, simplemente se va solo por eso… por viejo.

El tiempo no perdona, menos el hombre.

 

Pd. Al leer esto, mi computadora ya puso sus barbas a remojar y mi bigote cano ya busca la manera de irse haciendo de una pensión, no importando que esta sea ajena…

 

¡Saludos!

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